
Maltratándolas y siempre de la misma manera sin cansarse, esperando el mismo resultado sin temor a ser descubiertos por nosotros.
Todas las horas de todos los días pasan por esos lugares de colores únicos para hacer desaparecer esa parte que extiende las raíces hasta cerca del cielo, aunque son cemento puro y duro siempre destruyen su lado mas visto. Ese que decoramos con el amor que nos conecta. Mas allá de considerarnos artesanos la gente anormal y la gente azul impide nuestra expresión. Es lo único que me impone ante el desafió que estoy resolviendo día a día. Al ponerme frente a ese cemento que pide tocar mi pintura y aunque él no tenga miedo yo siento temor por ser descubierto. Gente anormal. No me importa, pero la gente que lleva el color azul castiga mis trazos y me castiga sin preguntarle al cemento que esta frente a nosotros que pide a gritos ser bello y que mis manos junto a colores fluyan sobre ella. Cuando me libero de ese miedo salgo acompañado de mis papeles que son los primeros testigos de mi conexión con mi arte y de mis pinturas que son mis herramientas para crear sobre ese cemento.
Luis Quintana


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